Nunca hablo de ello. Nunca se me ha preguntado correctamente por ninguna de ellas.
Pero sé que las tengo.
Y no una, ni dos, ni tres. Las tengo todas.
No es prepotencia, no, es todo lo contrario a la prepotencia.
Pero si nadie me pregunta de forma correcta qué palabra define lo contrario de la prepotencia, nunca jamás lo podré decir, y será una respuesta más a añadir a las miles de respuestas que esperan ser preguntadas.
Sé que tengo miles de respuestas prisioneras en miles de cofres cerrados bajo llave.
Sólo necesito una buena pregunta, encerrada entre dos llaves perfectas...
Tal vez ésta sería una buena pregunta para alguien que tuviese todas las preguntas, pero no para mí.
Porque yo no tengo todas las preguntas.
Para mi desgracia, no tengo preguntas.
Tengo todas, absolutamente todas las respuestas, esperando una buena pregunta que pueda abrir la caja donde guardo todas las respuestas.
Como toda propuesta libre, quedaba a mi elección aceptar, posponer o denegar la propuesta.
Se trataba de hacer un viaje con Pomponio.
Antes de decidirme, leí con atención la contraportada...
Como estaba muy cansada después de un dia de Sant Jordi ajetreado, decidí posponer mi decisión hasta el día siguiente.
Al día siguiente volví a pensar en el viaje, y sopesé sus ventajas e inconvenientes.
Las ventajas: viajar a lugares desconocidos de la mano de un desconocido ciudadano romano de familia patricia, educado como pocos, conocer otras maneras de vivir, aprender de las sabias palabras del sabio patricio, disfrutar de la fina ironía de Pomponio cómo cicerón del viaje, y sonreír con su dialéctica página si, página no y reír a carcajada limpia en muchas ocasiones.
Los inconvenientes: el enfado (para mi oído y para mi olfato) que inesperadamente y sin advertencia previa me produjeron las primeras flatulencias que, haciendo honor al cognomen de Pomponio, salieron expelidas de su cuerpo nada más empezar el viaje.
Confieso que a punto estuve de desandar lo andado...
Pero a la vista está que no. ¡Por Hércules, si se me ha contagiado hasta su forma de hablar!.
Si teneis ocasión y oportunidad de realizar un viaje con Pomponio, hacéos de un buen eliminador de olores y no lo penséis dos veces.
Sant Jordi té una rosa mig desclosa, pintada de vermell i de neguit; Catalunya és el nom d´aquesta rosa, i Sant Jordi la porta sobre el pit. La rosa li ha contat gràcies i penes i ell se l´estima fins qui sap a on, i amb ella té més sang a dins les venes per plantar cara a tots els dracs del món.
San Jordi tiene una rosa medio abierta, pintada de rojo y desazón; Cataluña es el nombre de ésta rosa, y San Jordi la lleva sobre su pecho. La rosa le ha contado gracias y penas y el la quiere nadie sabe cuanto, y con ella le corre más sangre por las venas para plantarle cara a todos los dragones del mundo.
Cuando visito las casas de los amigos, procuro pasar siempre por el baño, para hurgar en sus cajones.
Una puede conocer a sus amigos mucho mejor si hurga en los cajones de su lavabo.
Y una se encuentra mas a gusto en las casas de las mejores amigas cuando entra al baño de la amiga y al salir se lleva puestas en la punta de los dedos índice y corazón unas gotas de su perfume.
Bueno, ésto sólo lo hago en casa de familiares, o de las amigas muy amigas.
Y cuando vuelvo a la reunión, mi muy mejor amiga que ya ha olido su perfume en mis dedos, se toca la nariz y sonríe. Y yo me toco la nariz con los dos dedos ladrones y le devuelvo la sonrisa.
Y es que nunca he sido de robar sonrisas ajenas, eso si que no. Sonrisa que me dan, sonrisa que devuelvo, a veces hasta con intereses.
¡Quedarse con sonrisas ajenas!
¡Eso si que está feo!
Yo siempre espero que me devuelvan la mía cuando la doy.
Pero eso es ya otra historia. A lo que iba, a lo de los baños ajenos.
Conocí realmente a Santi el día que fui a su casa y, (¡cómo no!) entré en su baño. A Santi le molan las pelis de miedo, pero de las elitistas, los libros de Allan Poe, las mujeres de bandera, los videojuegos exclusivos y la ternera poco hecha. Es pijo, exclusivo, original y elitista. Eso lo sabe cualquiera que hable con él un buen rato. Pero conocí realmente a Santi el día que entré en su baño y ví, al lado del báter los folletos publicitarios de Lidl.
Y es que siempre he pensado que en el baño, es donde realmente el cuerpo y la mente se relajan.
Y cuando cuerpo y mente se relajan, bajan la guardia, los prejuicios, los listones y el nivel de exigencia.
Y a mi que me gusta eso de ser poco exigente, mira tú.
Y no puedo evitar seguir hurgando en los baños ajenos...
En contra de lo que se dice en contra del día del padre, este post fué en su dia un regalo para mi padre.
Por ser tan "apañao", por quererme tanto, por tener las manos grandes y arrugadas.
En su día, cuando no había crisis, le compré una camisa de rayas, celeste y blanco. Mi padre es muy moreno, y mi madre siempre dice que mi padre está "mu apañao" y "mu esclarecío" con camisas celestes.
Tambien le regalé una novela "de valientes" de segunda mano, de Marcial Lafuente Estefanía, casi sin ninguna hoja doblada. Y dentro le puse éste escrito, en un folio, con las letras bien grandes.
Por escoger a mi madre y quererla tanto.
Por levantar con esas manos tan grandes la casa donde crecí.
Por trabajar, de sol a sol, de luna a luna, para mantener esa familia numerosa que no cabe ni en la foto.
Por quererme desde que me viste.
Por hacerme saber, sin apenas usar palabras, lo mucho que me quieres.
Por darme una infancia feliz, sin hacer mios tus muchos problemas.
Por regalarme, sin venir a cuento, a mi querida Maribel.
Por enseñarme a ir en bici, soltándome el sillín sin que me diese cuenta.
Por enseñarme a hacer el muerto en el río.
Por no comerte el queso del almuerzo, y traérmelo escondido en tu fiambrera de la fábrica.
Por dejar que me quedase con mi Linda, aunque estuviese cojita.
Por ser un hombre, andaluz y cabal como pocos.
Por guardarme escondidos los mejores tomates del huerto, las mejores lechugas, y tooodas las rosas.
Por llorar con las películas de amores y decir mirando hacia otro lado "¡Ea, ya me resfrié!".
Por contarme historias de miedo a escondidas de mamá.
Por gastarte en mis discos de Los Pecos parte de tu paga de verano (700 pesetas, que me acuerdo).
Por las bronquillas que me echabas por aquel novio de los pelos largos.
Por querer luego al de los pelos largos como si fuese un hijo.
Por tratar a mi hijo como a un colegui.
Por cortar el trafico de la calle para que "tu niña" salga con el coche.
Por fardar de hija (que me lo han contaooo) con tus compañeros de dominó.
Por hacerte "el chaval" en lugar de hacerte "el viejo".
Por que me dures muchos, muchos años.
Feliz dia, papá.
Este año aún no sé que le regalaré... tal vez un jersey finito para esta primavera, que con los años se está volviendo muy friolero.
Un jersey azul celeste, que dice mi madre que con los jerseys azul celeste está "mu apañao y mu esclarecío"...
Desde que tengo uso de conciencia (¿?), siempre quise ser un cubo.
Pero bastaba mirarme para saber que nací redonda.
Y bastaba rozarme para que me pusiese a rodar y a rodar sobre cualquier superficie.
Mi peor pesadilla infantil fueron las cuestas abajo. También las cuestas arriba.
Porque fuese como fuese la cuesta, yo siempre me caía rodando hacia abajo.
Soñaba muchas veces cómo sería cuando me hiciese mayor. Soñaba con que me saldrían aristas, que crecerían en mí. Al principio cómo tímidas prolongaciones. Luego tomarían forma, formarían unas aristas bellas y perfectas que cambiarían mi vida, mis costumbres, mi apariencia interior...
Hermosas aristas que detendrían mi redonda e inevitable caída.
Y cuando veía a los cubos, esos "figuras" tan bien plantados en mitad de las pendientes, pensaba en sus rectas."Mamá, ¿me crecerán las aristas?".
Mi madre, que es una bola, como yo, me decía"No hija. Te harás mayor, pero a no ser que te rompas del todo, tú no tendrás nunca aristas. Con el tiempo aprenderás a frenar de otras maneras".
No me he roto, y ahora ya soy una figura-bola hecha y derecha. Redonda y absolutamente lisa.
Y ya no envidio a las aristas. Aunque las sigo encontrando preciosas, extrañas, atractivas.
Y casi siempre encuentro otra figura en la que apoyarme. A veces, encuentro dos.
¡Es genial tener "figuras" al lado, y que sean tan diferentes de una!