Peces para el trastero
Me pareció bueno sacar del trastero la historia de mi imagen...
Creo que tendría… tal vez diez años. Si, más o menos. "Tenía diez años y un gato peludo, funámbulo y necio que me esperaba en los alambres del patio a la vuelta del colegio".
Mientras mi hermano hablaba con sus colegas y se fumaba un pitillo sentado en la orilla, lejos de los ojos de nuestros padres, y poniendo las toallas y la bolsa con la merienda en una esterilla me decía: “No te vayas muy adentro”. Yo disfrutaba de aquellas tardes de agua, sin cole, sin la obligada siesta (“para acortar la tarde” que decía mamá), buceando por la orilla. Pero aquel día el mar estaba dulce. Y estuve en el agua… puf… no sé. Demasiado rato quizá. Oí a lo lejos a mi hermano, que me llamaba para merendar.
Cuando me dí cuenta tenía la piel arrugada… y saqué la cabeza fuera. Pero entonces descubrí con horror que el aire se había vuelto denso, y que me dolía cuando intentaba aspirarlo hacia mis pulmones, y que mis ojos veían raro, como si estuviesen secos, como si viesen a través de un cristal raro. Al tocarme los ojos… noté que se habían vuelto redondos… redondos… Y volví a meter la cabeza en el agua. Y comprobé que me resultaba mucho más fácil ver y respirar allí dentro, rodeada de arena, agua, sal y sol.
Una tarde de verano, como muchas de aquellas tardes largas de vacaciones, mi hermano me llevó en la moto al Masnou. En cuanto llegamos me quité la camiseta y el pantalón y me metí corriendo en el agua.
Me alejé de la orilla y buceé a ras del fondo. Pero mis oídos no se resentían como otras veces que intentaba bajar demasiado. Me toqué las orejas, y descubrí que justo detrás del pliegue de las orejas me habían salido unas extrañas aberturas…
¡Eran agallas!
Y me olvidé de mi hermano, de la arena y de la merienda.
Porque me había convertido en pez.

Y fui un pez durante muchos años.
Hasta que un día me pescaron… y me devolvieron a la vida de la tierra.
Últimamente noto que al bañarme se me arruga enseguida la piel. Es tocar el agua, y notar que la quiero.
Y aunque sé que fui pez, no guardo demasiados recuerdos de mi vida acuática (ya sabéis, la memoria de los peces sólo se guarda un segundo).
No sé si fui feliz o no…
Temo (o deseo… no lo tengo muy claro) que llegue el verano. Porque sin duda volveré al mar.
No podría vivir lejos del mar.
Ahora ya se por qué.
Pero no sé si cuando me meta en el agua volveré a convertirme en pez.








40noches dijo
Trastito que bonita historia....uhmmm no habrás sido una sirena?uhmmm aumchh!!.
Oye a ver si entedí, o sea que tienes los ojos azules o medios verdes tirando para amarillo? (excuseme la chuzkedad de la pregunta XD).
Besos.
25 Marzo 2007 | 09:57